
16 de mayo de 2010
Crítica Ruleta China

Crítica Revista Siamesa
por Nicolás Pose 3 de mayo de 2010
ACREEDORES/STRINDBERG
¿Puede la venganza conducir a la justicia?
Una guerra de cerebros y un crimen psíquico.
La lucha de los sexos en una sociedad en constante cambio.
La crisis de la institución matrimonial.
La traición y el miedo a la infidelidad.
La economía que atraviesa los vínculos y la vida privada.
Escenas de la vida conyugal
Vea Más Magazine/Zona Críticapor Gastón Olivera
El cobro de una deuda parece el motor que impulsa a los personajes. Una propuesta que busca romper con el canon del realismo tradicional que caracterizó, en su primera etapa, a August Strindberg. Una puesta minimalista con muy buenas actuaciones.
El texto de Strindberg, adaptado para la escena por Rodolfo Roca y Marcelo Velázquez se mantiene fiel al original. Lo interesante está en la forma que utilizó Marcelo Velázquez desde la dirección y en la puesta en escena. Obviamente que el modo escénico de Acreedores hoy no es el mismo que a fines del siglo XIX.
Más allá de la fidelidad, la puesta propone una relectura con elementos que rompen con tanta discursividad naturalista. Antes de comenzar la función, la voz de José María Muscari relata el deseo del director y cuenta sobre lo que estamos a punto de ver, utilizando textos de Pier Paolo Pasolini en su obra Calderón. Continuando con la idea de poner en duda la representación burguesa del teatro, se utilizan recursos multimedia. Proyectado sobre uno de los paneles blancos que funcionan a modo de pared, aparecen algunos tramos de las escenas o momentos de intimidad de los personajes. Estos tienen cierto desfasaje entre las acciones reales y las que aparecen en la pantalla. Lo que propone que cada espectador llene con su interpretación esa diferencia.
El trabajo del elenco es muy bueno, sostienen con solvencia un texto extenso, lleno de palabras y con muy pocas acciones.
Tanto Marcelo Bucossi, Mercedes Fraile y Daniel Goglino encontraron pequeñas sutilezas a sus personajes para enriquecer sus labores.
Una obra que más allá de la anécdota plantea una profunda reflexión sobre el arte.
Crítica Artexpresión
por Susana WeingastAugust Strindberg, dramaturgo sueco, en 1888 escribió “Acreedores”, drama cargado de ironías sobre el matrimonio, los sentimientos, la traición y el miedo a la infidelidad y a la puja de ideas y lucha de pensamientos que marcan a fuego la historia.
En esta presentación el guión fue adaptado a una escena moderna bajo la dirección de Marcelo Velázquez, que lleva adelante una obra con exquisitos textos y actuaciones.
Tekla y Adolfo viven una crisis matrimonial invadida por celos, conformismo y la desesperación de reconocerse vacíos porque cada uno depositó su vida en el otro. El es un hombre inseguro; ella es seria y calculadora, maneja las situaciones tensas como más le gusta y disfruta de ver al hombre correr y llorar desconsolado sobre su falda.
El tercer personaje es Gustavo, el de la discordia: seguro y manipulador, dice las verdades más crudas con una sonrisa irónica; verborrágico y amante de los buenos modales, le da consejos a Adolfo, lo aprueba y lo desafía.
Las muy buenas interpretaciones de Mercedes Fraile (Tekla), Marcelo Bucossi (Adolfo) y Daniel Goglino (Gustavo) “juegan” entre astucias, cinismo, desconfianzas y mentiras, y se potencian con sus reacciones llegando a la crueldad.
La versión escénica es de Rodolfo Roca y Marcelo Velázquez, el diseño de iluminación de Eli Sirlin, el diseño y realización de escenografía de Fernando Leiva y el locutor: José María Muscari.
La escenografía es simple: un sillón y unos cortinados como fondo, complementada por una pantalla de multimedia que ayuda al espectador a ver la bidimensión en la acción mostrando distintas acciones de la misma sala o de la habitación vecina.
El diseño de vestuario es de Carla Desiderio; la realización del vestuario de Tekla de Alicia Soave y Ana María Della Vecchia y la realización del sombrero de Tekla de Alfredo Miranda.
Dramaturgistas (Yamila Volnovich - Patricia Sapkus). Música original y efectos sonoros (Diego Centurión). Diseño y realización audiovisual (Fernanda Balcells), Coordinación de producción (Esteban Costa). Asistente de dirección (Cintia Igolnikof).
Este espectáculo cuenta con el auspicio cultural de la Embajada de Suecia en Argentina y además cuenta con el apoyo de: Proteatro, Fondo Nacional de las Artes, Instituto Nacional de Teatro.
11 de marzo de 2010
Crítica ABCultural
El cobro de una deuda a través de la venganza La voz en off del actor y director José María Muscari introduce al espectador y analiza la relación del hombre de teatro con su texto, con su forma de expresar lo que ya está escrito, recalcando que esta obra utiliza recursos del viejo teatro con condimentos de lo nuevo, lo cual se puede apreciar en la pantalla que sirve como aliada de algunas escenas que vale la pena revivir o anticipar. Lentamente se apagan las luces y la voz del locutor. Comienza la función.
Tekla y Adolfo viven una crisis matrimonial invadida por celos, conformismo y la desesperación de reconocerse vacío porque se depositó la vida en el otro, descuidando la propia. Él está enamorado de su esposa, pero sus deseos de libertad son tan altos que es capaz de enfrentarla y gritarle en la cara que antes de conocerlo no hubiera sido la escritora que es hoy. La mujer es seria, calculadora y difícil de sonrojar, maneja las situaciones tensas como más le gusta y disfruta de ver al hombre correr y llorar desconsolado sobre su falda.
Gustavo es amigo de Adolfo y nexo indispensable en la historia, un hombre seguro y manipulador que apuntala las verdades más crudas con una sonrisa. Verborrágico y amante de los buenos modales, le da consejos y valor a su compañero y lo incita a no sentirse en inferioridad con respecto a su mujer, lo prueba, desafía y premedita sus palabras y movimientos.
Las apariencias y las traiciones hilan la trama, que en un momento cambia su rumbo invirtiendo el rol del que vino a cobrar lo que le debían, a recuperar el honor que alguna vez le quitaron. Ya están a mano, jaque mate dijo el acreedor, que a través de la venganza logra hacer justicia y saldar las deudas, como en una especie de guerra verbal y psicológica que reluce las miserias del ser humano.
Ciento veintiún años nos separan del texto de Strindberg, pero sus ideas siguen vigentes de tal forma que pueden ser tomadas en 2009 y entenderse con gran claridad, porque se identifican con una parte de la sociedad que critica y analiza al ser humano, sus formas de expresión y sentimientos.
Dijo Moira Soto - Radio Ciudad
Verdaderamente es una obra impresionante, como tantas piezas maestras de este genial autor, un poco misántropo y también misógino. Misántropo, en general, con la especie humana y misógino porque en particular solía ensañarse con las mujeres y mirarlas de manera muy crítica.Esta obra ha merecido una puesta de Marcelo Velázquez verdaderamente extraordinaria por la manera en que hace aflorar y le saca lustre a un texto que es puramente verbal.
El marido de la protagonista, Tekla, se encuentra con el ex marido de su mujer, sin saber que es el ex marido. El primer diálogo es entre Adolfo, el marido actual, y Gustavo, el primer marido. El marido actual no sabe que Gustavo es el primer marido y el diálogo que sostienen sobre Tekla no sólo alude a la personalidad de ella sino también a una novela que ella escribió sobre su primer marido donde lo defenestra. Todo en un juego verbal y mental. En una segunda parte se prosigue con el encuentro de Tekla con su ex marido. Sigue ese combate, esa pelea de los sexos por el poder, los celos. Este encuentro lo está escuchando el marido actual que a su manera ama a Tekla. De modo que el final no es precisamente feliz. Lo extraordinario es que esta especie de duelo cerebral, mental, de duelo de inteligencias y desinteligencias, ha sido tratado de una manera tal que es casi una especie de thriller psicológico donde realmente tanto la actuación de Marcelo Bucossi, Mercedes Fraile y Daniel Goglino, empapados, atravesados realmente por el texto, y que han internalizado muy profundamente sus personajes con toda su complejidad, sus contradicciones y sus miserias, va aflorando fluidamente. Además, está presente todo el suspenso acerca de lo que el espectador sabe y el marido actual no sabe.
Para hacer más interesante esta cuestión, hay un prólogo que toma y adapta una introducción de Pier Paolo Pasolini en su obra Calderón, donde se escucha la voz de José María Muscari que es muy conocida por el público, anunciando cuáles son los deseos del director, de alguna manera poniendo en evidencia la obra, diciendo que se va a usar una escenografía tradicional, que la obra es de fines del siglo XIX. En fin, una manera de poner una distancia con el espectador y tenerlos sobre aviso. Además, que la escenografia es la escenografia del teatro viejo, que es un rito social, que todo ha sido elaborado, preparado, puesto a punto, hablando de alguna manera de los ensayos, que todo lo que se va a ver es una representación. Lo cual no quita que en el transcurso de la representación el público pueda entrar absolutamente en esta obra y seguirla reteniendo el aliento en muchos pasajes. Todo esto con una economía de recursos, en una sala pequeña como es la del teatro DelBorde y con una participación, por la cercanía y por los datos que tiene el espectador, que vuelve más intenso este acercamiento, donde se cuestiona -a fines del siglo XIX- el matrimonio tradicional, el papel de la mujer, el papel del varón, la vampirización que existe en el matrimonio, qué pasa cuando la pareja se torna simbiótica, el tema de los celos… En fin, todo esto a través de este ajuste de cuentas que no decae un segundo.
10 de noviembre de 2009
Crítica Mundo Teatral
Marcelo Velázquez no le tiene miedo al eclecticismo.
Al parecer, Marcelo Velázquez (actor, director y docente de teatro) no le tiene miedo al eclecticismo. A su muy buena versión de Criminal de Javier Daulte, le sigue ahora una puesta sobre la clásica Acreedores de Strindberg. Navegando entre estéticas bien distantes y distintas, Velázquez no solo se muestra como un director talentoso y plural sino que también, llena salas.
Esta vez, el desafío era reponer el texto de Strindberg escrito en 1888, pero reponerlo desde su contemporaneidad, es decir, desde un realismo que no se agotara y replegara sobre sí mismo sino todo lo contrario.
Así, la puesta cabalga entre un respeto fiel al texto dramático original y una relectura del mismo en la que la “ideología burguesa de la representación” se pone en duda. O dicho en otras palabras, una lectura que entiende que el arte es representación aunque finja no serlo, aunque se llene de “mundos ficticios ordenados y verdaderos”.
Siguiendo este razonamiento, es obvio que las pantallas que acompañan la puesta de Velázquez cumplen ese rol delator, sobre todo porque hay cierto desfasaje entre las acciones de los personajes reales y las de la pantalla, algo que obliga al espectador a leer la diferencia y a otorgarle a la misma, una interpretación.
De idéntica manera funciona el fragmento de la obra Calderón de Pier Paolo Pasolini, pieza teatral en la que cada acto es precedido por un prólogo a cargo de un locutor el cual alerta a los espectadores sobre lo que en instantes se dispondrán a ver: sobre su estatuto de verdad más que dudoso, sobre su teatralidad.
En tal sentido, la elección de Muscari para decirlo no parece nada inocente: Strindberg-Muscari, o la fórmula perfecta para jugar con el sentido común, para romperlo.
En la misma dirección se encuentra el despojo escénico, solo unos paneles blancos y un sillón: nada de escenografía mimética, ningún objeto del mundo real, nada de anclar en el mundo de referencia compartido. Más bien un escenario limpio, libre para la imaginación, ambiguo.
El texto dramático (en excelentes interpretaciones de Marcelo Bucossi, Mercedes Fraile y Daniel Goglino), en cambio, viene a aportar su claridad, su mundo de referencia, ciertos temas concretos (el matrimonio, la fidelidad, la economía) pero como todo buen texto clásico, es excedido por él mismo hasta alcanzar problemáticas más “abstractas” menos domésticas, esas a las que apunta la puesta de Velázquez.
¿Cuál es la forma artística contemporánea de Acreedores? se pregunta este director que revaloriza la palabra pero que -sin un pelo de tonto- entiende que no es la misma que hace cien años, que hoy está contaminada, que ha perdido el registro de certeza y que a veces -como aquí- se anima a mostrar su vulnerabilidad.
www.mundoteatral.com.ar
Prensa Zona Norte
Fuimos a ver Acreedores de August Strindberg.
Una de las mas logradas y dificiles de representar del mítico autor, que ha dejado una impronta indeleble en la dramaturgia contemporánea y donde el teatro fue su destaque máximo.
Tres personajes para un drama inteligente, hábil, minuciosamente elaborado y con inesperados desenlaces paulatinos.
Esta versión es muy buena, con una muy interesante puesta en escena de Marcelo Velázquez, con proyecciones multimedia y un elenco muy homogéneo y consustanciado con lo que propone el director, ellos son Marcelo Bucossi, Mercedes Fraile y Daniel Goglino. Con una introducción a cargo de José María Muscari.
Entonces… ¡vaya!, es excelente, super recomendable, de lo mejor que hay en cartelera.
Fernando Maral
Mabel Loschiavo - Radio Belgrano
“Acreedores”
Esta obra escrita hace más de cien años, se corporiza y toma nueva vigencia porque los temas tratados responden a sentimientos o actitudes que siguen preocupando y afectan las relaciones humanas. Como son los celos, la infidelidad, el efecto de la economía en la pareja, las diferencias de género que siguen conservando una impronta cultural cerrada y antigua. En esta historia de tres personajes, Teckla es una escritora mediocre, cuya personalidad fagocita el impulso creativo de su esposo Adolfo, un pintor de importancia, y Gustavo un amigo que formó parte del pasado amoroso de esta mujer y que vuelve a entrar en su vida como si no la conociera, con la actitud del que viene a cobrar una vieja deuda. Lo que sigue es un macabro plan orquestado desde la venganza, la desvalorización del otro, la exposición de viejas heridas que no cierran y el resentimiento con consecuencias trágicas. Dentro de una escenografía sobria: paneles claros, un sillón y el importante detalle de una cámara que capta los mínimos detalles de los protagonistas y espía lo que no se ve.
La fuerza de este texto se revitaliza con las particulares y muy buenas actuaciones de Mercedes Fraile, Marcelo Bucossi y Daniel Goglino, y se enriquece con el aporte de la voz en off de José María Muscari, como presentador, con parte de un texto de la obra Calderón de Pier Paolo Pasolini.
Nuestra opinión: MUY BUENA
www.mabelespectaculo.blogspot.com
