3 de mayo de 2010

Crítica Artexpresión

por Susana Weingast

En DelBorde Espacio Teatral, en el barrio de San Telmo de la ciudad de Buenos Aires, Argentina, se representa la obra Acreedores, con la dirección de Marcelo Velázquez.
August Strindberg, dramaturgo sueco, en 1888 escribió “Acreedores”, drama cargado de ironías sobre el matrimonio, los sentimientos, la traición y el miedo a la infidelidad y a la puja de ideas y lucha de pensamientos que marcan a fuego la historia.
En esta presentación el guión fue adaptado a una escena moderna bajo la dirección de Marcelo Velázquez, que lleva adelante una obra con exquisitos textos y actuaciones.
Tekla y Adolfo viven una crisis matrimonial invadida por celos, conformismo y la desesperación de reconocerse vacíos porque cada uno depositó su vida en el otro. El es un hombre inseguro; ella es seria y calculadora, maneja las situaciones tensas como más le gusta y disfruta de ver al hombre correr y llorar desconsolado sobre su falda.
El tercer personaje es Gustavo, el de la discordia: seguro y manipulador, dice las verdades más crudas con una sonrisa irónica; verborrágico y amante de los buenos modales, le da consejos a Adolfo, lo aprueba y lo desafía.
Las muy buenas interpretaciones de Mercedes Fraile (Tekla), Marcelo Bucossi (Adolfo) y Daniel Goglino (Gustavo) “juegan” entre astucias, cinismo, desconfianzas y mentiras, y se potencian con sus reacciones llegando a la crueldad.
La versión escénica es de Rodolfo Roca y Marcelo Velázquez, el diseño de iluminación de Eli Sirlin, el diseño y realización de escenografía de Fernando Leiva y el locutor: José María Muscari.
La escenografía es simple: un sillón y unos cortinados como fondo, complementada por una pantalla de multimedia que ayuda al espectador a ver la bidimensión en la acción mostrando distintas acciones de la misma sala o de la habitación vecina.
El diseño de vestuario es de Carla Desiderio; la realización del vestuario de Tekla de Alicia Soave y Ana María Della Vecchia y la realización del sombrero de Tekla de Alfredo Miranda.
Dramaturgistas (Yamila Volnovich - Patricia Sapkus). Música original y efectos sonoros (Diego Centurión). Diseño y realización audiovisual (Fernanda Balcells), Coordinación de producción (Esteban Costa). Asistente de dirección (Cintia Igolnikof).
Este espectáculo cuenta con el auspicio cultural de la Embajada de Suecia en Argentina y además cuenta con el apoyo de: Proteatro, Fondo Nacional de las Artes, Instituto Nacional de Teatro.
El acreedor, a través de la venganza, logra saldar deudas, en una guerra verbal y psicológica que muestra las miserias del ser humano. La lucha entre sexos conduce la acción a un desenlace inimaginable.

11 de marzo de 2010

Crítica ABCultural

El cobro de una deuda a través de la venganza
por Laura Gilardenghi

August Strindberg era un dramaturgo sueco que en 1888 escribió “Acreedores”, un drama cargado de ironías, críticas hacia la institución del matrimonio y la puja de ideas y lucha de pensamientos que marcan a fuego la historia, adaptada actualmente a los escenarios porteños de la mano de la dirección de Marcelo Velázquez, que lleva adelante una obra de exquisitos textos y actuaciones.
La voz en off del actor y director José María Muscari introduce al espectador y analiza la relación del hombre de teatro con su texto, con su forma de expresar lo que ya está escrito, recalcando que esta obra utiliza recursos del viejo teatro con condimentos de lo nuevo, lo cual se puede apreciar en la pantalla que sirve como aliada de algunas escenas que vale la pena revivir o anticipar. Lentamente se apagan las luces y la voz del locutor. Comienza la función.
Tekla y Adolfo viven una crisis matrimonial invadida por celos, conformismo y la desesperación de reconocerse vacío porque se depositó la vida en el otro, descuidando la propia. Él está enamorado de su esposa, pero sus deseos de libertad son tan altos que es capaz de enfrentarla y gritarle en la cara que antes de conocerlo no hubiera sido la escritora que es hoy. La mujer es seria, calculadora y difícil de sonrojar, maneja las situaciones tensas como más le gusta y disfruta de ver al hombre correr y llorar desconsolado sobre su falda.
Gustavo es amigo de Adolfo y nexo indispensable en la historia, un hombre seguro y manipulador que apuntala las verdades más crudas con una sonrisa. Verborrágico y amante de los buenos modales, le da consejos y valor a su compañero y lo incita a no sentirse en inferioridad con respecto a su mujer, lo prueba, desafía y premedita sus palabras y movimientos.
Las apariencias y las traiciones hilan la trama, que en un momento cambia su rumbo invirtiendo el rol del que vino a cobrar lo que le debían, a recuperar el honor que alguna vez le quitaron. Ya están a mano, jaque mate dijo el acreedor, que a través de la venganza logra hacer justicia y saldar las deudas, como en una especie de guerra verbal y psicológica que reluce las miserias del ser humano.
Ciento veintiún años nos separan del texto de Strindberg, pero sus ideas siguen vigentes de tal forma que pueden ser tomadas en 2009 y entenderse con gran claridad, porque se identifican con una parte de la sociedad que critica y analiza al ser humano, sus formas de expresión y sentimientos.

Dijo Moira Soto - Radio Ciudad

Verdaderamente es una obra impresionante, como tantas piezas maestras de este genial autor, un poco misántropo y también misógino. Misántropo, en general, con la especie humana y misógino porque en particular solía ensañarse con las mujeres y mirarlas de manera muy crítica.
Esta obra ha merecido una puesta de Marcelo Velázquez verdaderamente extraordinaria por la manera en que hace aflorar y le saca lustre a un texto que es puramente verbal.
El marido de la protagonista, Tekla, se encuentra con el ex marido de su mujer, sin saber que es el ex marido. El primer diálogo es entre Adolfo, el marido actual, y Gustavo, el primer marido. El marido actual no sabe que Gustavo es el primer marido y el diálogo que sostienen sobre Tekla no sólo alude a la personalidad de ella sino también a una novela que ella escribió sobre su primer marido donde lo defenestra. Todo en un juego verbal y mental. En una segunda parte se prosigue con el encuentro de Tekla con su ex marido. Sigue ese combate, esa pelea de los sexos por el poder, los celos. Este encuentro lo está escuchando el marido actual que a su manera ama a Tekla. De modo que el final no es precisamente feliz. Lo extraordinario es que esta especie de duelo cerebral, mental, de duelo de inteligencias y desinteligencias, ha sido tratado de una manera tal que es casi una especie de thriller psicológico donde realmente tanto la actuación de Marcelo Bucossi, Mercedes Fraile y Daniel Goglino, empapados, atravesados realmente por el texto, y que han internalizado muy profundamente sus personajes con toda su complejidad, sus contradicciones y sus miserias, va aflorando fluidamente. Además, está presente todo el suspenso acerca de lo que el espectador sabe y el marido actual no sabe.
Para hacer más interesante esta cuestión, hay un prólogo que toma y adapta una introducción de Pier Paolo Pasolini en su obra Calderón, donde se escucha la voz de José María Muscari que es muy conocida por el público, anunciando cuáles son los deseos del director, de alguna manera poniendo en evidencia la obra, diciendo que se va a usar una escenografía tradicional, que la obra es de fines del siglo XIX. En fin, una manera de poner una distancia con el espectador y tenerlos sobre aviso. Además, que la escenografia es la escenografia del teatro viejo, que es un rito social, que todo ha sido elaborado, preparado, puesto a punto, hablando de alguna manera de los ensayos, que todo lo que se va a ver es una representación. Lo cual no quita que en el transcurso de la representación el público pueda entrar absolutamente en esta obra y seguirla reteniendo el aliento en muchos pasajes. Todo esto con una economía de recursos, en una sala pequeña como es la del teatro DelBorde y con una participación, por la cercanía y por los datos que tiene el espectador, que vuelve más intenso este acercamiento, donde se cuestiona -a fines del siglo XIX- el matrimonio tradicional, el papel de la mujer, el papel del varón, la vampirización que existe en el matrimonio, qué pasa cuando la pareja se torna simbiótica, el tema de los celos… En fin, todo esto a través de este ajuste de cuentas que no decae un segundo.

10 de noviembre de 2009

Crítica Mundo Teatral


Marcelo Velázquez no le tiene miedo al eclecticismo.
Al parecer, Marcelo Velázquez (actor, director y docente de teatro) no le tiene miedo al eclecticismo. A su muy buena versión de Criminal de Javier Daulte, le sigue ahora una puesta sobre la clásica Acreedores de Strindberg. Navegando entre estéticas bien distantes y distintas, Velázquez no solo se muestra como un director talentoso y plural sino que también, llena salas.
Esta vez, el desafío era reponer el texto de Strindberg escrito en 1888, pero reponerlo desde su contemporaneidad, es decir, desde un realismo que no se agotara y replegara sobre sí mismo sino todo lo contrario.
Así, la puesta cabalga entre un respeto fiel al texto dramático original y una relectura del mismo en la que la “ideología burguesa de la representación” se pone en duda. O dicho en otras palabras, una lectura que entiende que el arte es representación aunque finja no serlo, aunque se llene de “mundos ficticios ordenados y verdaderos”.
Siguiendo este razonamiento, es obvio que las pantallas que acompañan la puesta de Velázquez cumplen ese rol delator, sobre todo porque hay cierto desfasaje entre las acciones de los personajes reales y las de la pantalla, algo que obliga al espectador a leer la diferencia y a otorgarle a la misma, una interpretación.
De idéntica manera funciona el fragmento de la obra Calderón de Pier Paolo Pasolini, pieza teatral en la que cada acto es precedido por un prólogo a cargo de un locutor el cual alerta a los espectadores sobre lo que en instantes se dispondrán a ver: sobre su estatuto de verdad más que dudoso, sobre su teatralidad.
En tal sentido, la elección de Muscari para decirlo no parece nada inocente: Strindberg-Muscari, o la fórmula perfecta para jugar con el sentido común, para romperlo.
En la misma dirección se encuentra el despojo escénico, solo unos paneles blancos y un sillón: nada de escenografía mimética, ningún objeto del mundo real, nada de anclar en el mundo de referencia compartido. Más bien un escenario limpio, libre para la imaginación, ambiguo.
El texto dramático (en excelentes interpretaciones de Marcelo Bucossi, Mercedes Fraile y Daniel Goglino), en cambio, viene a aportar su claridad, su mundo de referencia, ciertos temas concretos (el matrimonio, la fidelidad, la economía) pero como todo buen texto clásico, es excedido por él mismo hasta alcanzar problemáticas más “abstractas” menos domésticas, esas a las que apunta la puesta de Velázquez.
¿Cuál es la forma artística contemporánea de Acreedores? se pregunta este director que revaloriza la palabra pero que -sin un pelo de tonto- entiende que no es la misma que hace cien años, que hoy está contaminada, que ha perdido el registro de certeza y que a veces -como aquí- se anima a mostrar su vulnerabilidad.

www.mundoteatral.com.ar

Prensa Zona Norte

Fuimos a ver Acreedores de August Strindberg.


Una de las mas logradas y dificiles de representar del mítico autor, que ha dejado una impronta indeleble en la dramaturgia contemporánea y donde el teatro fue su destaque máximo.

Tres personajes para un drama inteligente, hábil, minuciosamente elaborado y con inesperados desenlaces paulatinos.

Esta versión es muy buena, con una muy interesante puesta en escena de Marcelo Velázquez, con proyecciones multimedia y un elenco muy homogéneo y consustanciado con lo que propone el director, ellos son Marcelo Bucossi, Mercedes Fraile y Daniel Goglino. Con una introducción a cargo de José María Muscari.

Entonces… ¡vaya!, es excelente, super recomendable, de lo mejor que hay en cartelera.


Fernando Maral



Mabel Loschiavo - Radio Belgrano


“Acreedores”


Esta obra escrita hace más de cien años, se corporiza y toma nueva vigencia porque los temas tratados responden a sentimientos o actitudes que siguen preocupando y afectan las relaciones humanas. Como son los celos, la infidelidad, el efecto de la economía en la pareja, las diferencias de género que siguen conservando una impronta cultural cerrada y antigua. En esta historia de tres personajes, Teckla es una escritora mediocre, cuya personalidad fagocita el impulso creativo de su esposo Adolfo, un pintor de importancia, y Gustavo un amigo que formó parte del pasado amoroso de esta mujer y que vuelve a entrar en su vida como si no la conociera, con la actitud del que viene a cobrar una vieja deuda. Lo que sigue es un macabro plan orquestado desde la venganza, la desvalorización del otro, la exposición de viejas heridas que no cierran y el resentimiento con consecuencias trágicas. Dentro de una escenografía sobria: paneles claros, un sillón y el importante detalle de una cámara que capta los mínimos detalles de los protagonistas y espía lo que no se ve.
La fuerza de este texto se revitaliza con las particulares y muy buenas actuaciones de Mercedes Fraile, Marcelo Bucossi y Daniel Goglino, y se enriquece con el aporte de la voz en off de José María Muscari, como presentador, con parte de un texto de la obra Calderón de Pier Paolo Pasolini.

Nuestra opinión: MUY BUENA

www.mabelespectaculo.blogspot.com


26 de septiembre de 2009

CRÍTICA DIARIO LA NACIÓN !!!

Renovación y vitalidad en un Strindberg

Nuestra opinión: muy buena

Una nueva mirada al reconocido texto de August Strindberg posibilita el descubrimiento de la vigencia de un material producido a fines de 1800 y que mantiene su vitalidad y poesía. El director Marcelo Velázquez imprime signos muy contemporáneos a su propuesta y, mientras el texto se ha mantenido intacto en sus valores primarios, es a través de la puesta como los personajes se descubren delante del espectador con una profunda riqueza.

Una escenografía sencilla y mínima. Nada parece querer obstaculizar el tránsito por la escena de esos tres seres que, a su tiempo, darán cuenta de un pensamiento que, si bien se corresponde con el pasado, sigue encontrando en este presente un valor muy perturbador. Es que sus temas los son: el matrimonio, los celos, ciertos resentimientos que interfieren en las relaciones y, sobre todo, algunas deudas pendientes en un trío que, pareciera conocerse verdaderamente, en ese preciso instante en que la representación tiene lugar.

Una pantalla posibilitará observar, en algunos momentos, ciertas intimidades de los personajes o, según donde haga foco la cámara, ellos adquirirán otra dimensión para la mirada de un espectador que hasta entonces sólo ha podido ver un perfil de esas criaturas.

Elenco espléndido

El espectáculo crece a través de una tensión muy ajustada. Las interpretaciones de Mercedes Fraile (Tekla), Marcelo Bucossi (Adolfo) y Daniel Goglino (Gustavo) resultan sumamente atractivas. Los tres actores han logrado descubrir pequeñas sutilezas de sus personajes. Juegan con ellas y potencian, con sus reacciones, una acción dramática siempre dinámica que mostrará sus conflictos en plenitud.

La experiencia transgrede ciertos límites de la representación formal para descubrirle una atractiva riqueza al texto.

Carlos Pacheco

26/9/2009

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1178918

21 de septiembre de 2009

Acreedores - Crítica Noticias Urbanas


El todo es más que la suma de las partes

por Daniel Gaguine

Cuando un texto de Strindberg se exhibe en cartelera, siempre se quiere ver el modo en que se lleva a cabo la puesta. En este caso, Acreedores es un acierto de principio a fin. En un comienzo, se escucha la voz de José María Muscari introduciendo la puesta. Dos hombres hablan sobre una mujer en tanto objeto de deseo, de codicia y también de amor, alrededor de la cual girarán diversos conceptos. Uno de los hombres es su esposo y el otro es un nuevo amigo de aquel. La riqueza de los diálogos cuenta con el plus de actuaciones acordes a un texto de fuertes implicancias: las palabras exigen a través de las actuaciones. Lo destacable en ese sentido es que el espectador debe esforzarse para aprehender lo que recibe desde el escenario. La obra le pide esfuerzo interpretativo. Por otro lado, la escenografía y la iluminación son ideales para la obra, junto con una pantalla que tiene el mérito de acompañar el desarrollo, sin restarle poder de atención. Acreedores hace gala a la pluma de Strindberg en una puesta de calidad.

11 de septiembre de 2009

Acreedores: Acercándose y distanciándose


Crítica de Mónica Berman para Crítica Teatral


Acreedores es un texto dramático y, sin embargo, cuánto mejor es asistir a la puesta que leerlo, por un simple motivo: en la descripción de los personajes aparece una información que es mejor desconocer. Claro que, para más de uno, es demasiado tarde.
En el principio, el teatro habla del teatro, voz en off mediante, José María Muscari aparece para enmarcar la propuesta, para que quede claro que esta vez el drama naturalista no conlleva una puesta naturalista, la pantalla seguramente insistirá con el resto. Para que ningún espectador se engañe, esto es teatro.
La distancia temporal, que existe, es puesta de manifiesto; salvo en los intentos de reconstrucción arqueológica, ignorar que la pieza tiene 120 años de antigüedad sería un acto de distracción un tanto peligroso. Por suerte, no es el caso.
Cuando la historia comienza, un hombre aparenta recuperarse de un obsesivo y enfermizo esperar a una mujer. Su “amigo”, según ellos mismos enuncian, le ha devuelto las ganas de vivir y le ha hecho recuperar su interés por el arte, aún cuando le ha insistido en desplazar pintura por escultura.
La puesta de Marcelo Velázquez, incluye, como adelantamos, una pantalla que tendrá la riqueza de anticipar personajes, de reconstruir escenas, de convertirse en el ojo que espía detrás de la puerta, en fin, de mostrar un final mediatizado.
El texto de Strindberg (aún como versión) es complejo, tanto en términos verbales como temáticos, su representación necesita de una buena dicción y de un trabajo cuidado en relación con las palabras; haber superado, con éxito, esta cuestión implica acercar la puesta hacia buen puerto.
La lucha entre los sexos, tan insistente en Strindberg, aquí también se hace presente con fuerza, ¿seguirá vigente este planteo? ¡Quién sabe! Pero, sin ninguna duda, el acto de “disecar un alma humana” aparece inscripto con toda crueldad. Y la dirección de Marcelo Velázquez nos permite, acercándose y distanciándose, asomarnos a este universo tan particular de estos acreedores que nos remiten a tantos otros, pasados y presentes.

Mónica Berman



2 de septiembre de 2009

Crítica de Martín Dichiera para GeoTeatral

¿Cómo realizar una obra de más de 120 años de antigüedad? ¿Cómo lograr que una obra de 1888 se perciba como actual? Estas parecen ser algunas de las preguntas o premisas que se hizo y con las cuales trabajó Marcelo Velázquez para su puesta de Acreedores de August Strindberg.


Se logra una puesta sumamente interesante para pensar, para analizar, una obra que deja muchos espacios para la elaboración de hipótesis, la cual se evidencia desde la gacetilla de prensa y en el programa de mano, donde el mismo Velázquez dice: "Esta nueva puesta en escena pretende un corrimiento de los cánones tradicionales del realismo y del naturalismo estéticos en los que se ha categorizado al autor¿Cuál es la forma que le corresponde al arte de nuestro tiempo?" En esa pregunta se resume la hipótesis de trabajo.
Es así que se decide utilizar un espacio despojado, un sillón y unos cortinados como fondo, los cuales se utilizan como pantalla para la proyección de ciertas imágenes y videos (algunas secuencias muestran desde otro lugar, otra cara o mirada, la misma escena que estamos presenciando), un vestuario corrido de la época planteada originalmente, una musicalización cercana a la actualidad, algunos cortes en el texto y una actuación con una forma distinta - con tintes que van desde lo melodramático a elementos de policial o suspenso.

Uno podrá analizar cada signo y llegar a la conclusión de que algunos están mejor usados que otros, alguno podrá hablar de las actuaciones (las cuales, según la mirada, podrán verse como forzadas o contrariamente que están trabajadas desde un extrañamiento que ayudan a una entrada otra a los personajes), se podrá discutir la funcionalidad e importancia de las proyecciones en la obra (en lo personal, al momento final uno completa y entiende por qué se utiliza, y ve el valor de que esté en la puesta) y, por último, también se podrá cuestionar la inclusión del prólogo – adaptado - del Calderón de Pasolini (el cual funciona solamente en la medida que a uno le interese la hipótesis del trabajo de la puesta, si no, es algo de lo cual uno va a sentir que tranquilamente se podría prescindir).

Acreedores es una obra que gana en el lugar de pensar la puesta, tratar de ver y entender los resortes que la componen, si uno se anima a jugar ese lugar, es una puesta muy rica y donde se encontrará una gran cantidad de elementos para poder pensar, analizar y preguntarse, indagar sobre el teatro, sobre lo que es la representación, la importancia de los cánones y los elementos que se utilizan para correrse de estos y, con suerte, lograr algo que cambie, que atraviese, y que conforme así una forma nueva y brinde una visión distinta.


Martin Dichiera